El dolor lumbar afecta a la parte baja de la espalda y puede ir acompañado de rigidez o de dolor que se extiende hacia una pierna. La mayoría de los episodios no se deben a una lesión grave y mejoran progresivamente.

Mantenerse activo a un nivel adecuado

No se recomienda permanecer en cama durante mucho tiempo. Continúe con sus actividades habituales en la medida de lo posible y adapte su intensidad. Los paseos cortos, los cambios frecuentes de postura y los movimientos cómodos suelen ser más útiles que quedarse inmóvil.

El dolor puede variar de un día a otro. Un aumento pequeño y temporal después de una actividad no significa necesariamente que la espalda se haya lesionado, pero la progresión debe seguir siendo tolerable.

Crear un plan activo

El dolor persistente puede beneficiarse de una combinación personalizada de educación, ejercicio, apoyo psicológico y determinadas terapias físicas. Los cinturones, la tracción y los tratamientos pasivos sistemáticos no son soluciones habituales.

  • Comprender el dolor y los factores que influyen en él
  • Retomar progresivamente las actividades importantes para usted
  • Mejorar la fuerza, la movilidad y la resistencia con ejercicios adecuados
  • Cuidar el sueño e interrumpir los periodos prolongados en posición sentada
  • Utilizar terapia manual, cuando proceda, como parte de un programa de ejercicio

Las pruebas de imagen no siempre son necesarias

Una radiografía o una resonancia magnética no suelen indicarse de entrada cuando no existen señales de alarma, ya que con frecuencia no modifican el tratamiento inicial. Un médico puede solicitar una prueba de imagen si sospecha una causa concreta o si el resultado puede cambiar el tratamiento.

Señales de alarma

Estas señales son poco frecuentes, pero requieren una evaluación médica urgente. Un dolor que no mejora, altera gravemente el sueño o limita la actividad durante mucho tiempo también merece una opinión profesional.

  • Debilidad importante o progresiva en una pierna
  • Pérdida de sensibilidad alrededor de los genitales o las nalgas
  • Nueva dificultad para orinar o pérdida del control de la vejiga o el intestino
  • Fiebre, malestar general, pérdida de peso inexplicable o antecedentes de cáncer
  • Dolor después de una caída importante, especialmente si existe fragilidad ósea
Esta información es general y no sustituye un examen, un diagnóstico ni las indicaciones de su profesional sanitario. Ante síntomas graves o inusuales, solicite rápidamente atención médica.
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